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Tecnología Actual, ¿Sepulcro o Herramienta de la Fe?
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Pastor Samuel E. Paszco

Pastor de la Filial Iglesia El FARO de Carlos Casares y zonas aledañas. Graduado del Seminario Bíblico de Fe. 
Por Pastor Samuel E. Paszco
Publicado el 16/09/2006
 
La humanidad civilizada esta atravesando la estación del entretenimiento.  No es malo solazarse en algún momento de la vida, lo que incluiría recrearse, divertirse, distraerse.

Tecnología Actual, ¿Sepulcro o Herramienta de la Fe?

La humanidad civilizada esta atravesando la estación del entretenimiento.  No es malo solazarse en algún momento de la vida, lo que incluiría recrearse, divertirse, distraerse. Las personas tienen derecho a “desencajarse” de su rutina y sus actividades de ves en cuando. Ese tiempo hace que la mente disminuya su habitual velocidad, los pensamientos se relajen, el cuerpo descanse y, en gran manera, se energiza la fuerza para comenzar el período de arduo trabajo con renovados ímpetus y una acentuada habilidad en el desarrollo de las obligaciones. Pero… cuando el entretenimiento se torna crónico… se avecina un desastre del que difícilmente se podrá salir, y de dimensiones desfavorablemente incalculables.

En el diccionario de la R. A. E. uno de los significados del término entretenimiento es: Mantenimiento o conservación de alguien o algo. El vocablo entretener, es aun más fuerte, porque significa, entre otras cosas: Distraer a alguien impidiéndole hacer algo. Hacer menos molesto y más llevadero algo. Divertir, recrear el ánimo de alguien. Mantener. Divertirse jugando, leyendo, etc.

Preste atención a esto ¡Casi todos preámbulos improductivos! Ningún significado de las palabras entretenimiento o entretener nos dan a pensar que se trata de algo que produce, educa o eleva la capacidad humana a niveles superiores. Se trata, en general, de desalinear la atención de las cosas de valor necesarias.

Ahora, ¿hasta que códigos se permiten en lo personal, social o ministerial con tal de entretener a las personas? ¿Cuál es el límite o el costo con tal de  promover entretenimiento? ¿Hasta donde se debería permitir la decadencia moral con tal de entretener? La lección de la historia es que cuando se trata de grabar límites en un área tan extendida y profunda como la mente humana, siempre se puede dilatar un poquito más.

La industria del entretenimiento, sin temor a equivocarme, es la que mueve el mayor capital del mundo.

Se ve a las masas trabajar y gastar hasta el cansancio para obtener lo nuevo o novedoso. Incluyendo el sumergirse en créditos, aparentemente mágicos, pero interminables y muy caros.

El último celular, la última cámara de fotos, el último plasma de 50 y tantas pulgadas, la última notebook, el último MP3, la banda más ancha de Internet, 128… 256… 512… 1 Gb… 2Gb… 5 Gb…¡uff!. La última computadora, reproductor de dvd, o Web Cám. Sin dejar de necesitar también los últimos “accesorios” como placas de video, microprocesadores, tarjetas de memoria, lectoras o grabadoras, cables, y otros periféricos para que los elementos que se nombraron arriba funcionen efectivamente o a velocidades supersónicas, hablando obviamente, de transferencia de datos. Datos en general poco prácticos y no convencionales.

¿A dónde llevan más rápidamente estos recorridos súper-veloces o este tipo de velocidad virtual? ¿Será que se puede llegar más rápido a algún lado o lugar donde somos necesarios? ¿O será que la mayoría de las personas sencillamente se sumerge en un mundo de ilusión aparente que los hace sentir los capitanes que pilotean la “Interprise” en ese espacio que se ve imponente al ojo y los sentidos, sin embargo es de utilería?

Pregunto con temor y respeto, ¿Es posible que todos estos elementos físicos, los llamados “Hardware” y las aplicaciones o programas que les consienten operar, llamados “Software” van a permitir asistir más velozmente a evitar un suicidio o un asalto, o a sofocar un incendio y salvar al bebe que estaba adentro del recinto en llamas, o que pueda evitar que un hombre sano contraiga HIV por llegar a tiempo antes que logre una cópula?

Respondo inquietado: ¡Es posible que si!

Bajo ningún punto de vista estoy oponiéndome a la tecnología o avances. Se entiende que los cambios son inevitables, y aparte hacen la vida más coetánea con los tiempos actuales. Pero se ve que semejante inversión y poder virtual en las manos de personas sin metas u objetivos para sus vidas, que antes divagaban en los bares o cines y ahora lo hacen al el ciber o con un IPod, es realmente un verdadero desperdicio. Cuando lo que se posee en casa es tan valioso, pero se lo usa solamente como un elemento de pasatiempo pierde rotundamente su verdadero valor.

Un plasma de $12.000 o $15.000 o $20.000 para ver mejor, (O mejor dicho, en realidad, la imagen más grande), una serie de torneos de fútbol y presenciar, el momento de aceptar, como el equipo local quedaba afuera. O un celular que tenga cientos de funciones que nunca  se van a usar, que no andan con las redes locales o que cuando se aprende sobre las últimas cinco ya se olvidan las diez primeras. O vemos comprar computadoras de cientos o miles de pesos para que el último juego de guerra ande bien. No quiero infiltrarme mucho más, pero, no puedo dejar de enfatizar sobre la cantidad de códigos que se deben recordar para hacer funcionar todos estos elementos y algunos más. El código del cajero automático, el del celular, el de conexión a Internet, el de los canales, el de acceso a la computadora, acceso a los mails, los de acceso a la casilla de correos, el del Messenger… ¡Códigos, códigos, códigos! Se vive bombardeado de números y letras sueltas del idioma electrónico o cibernético.

Lo triste es que al cabo de un corto tiempo, eso “Último” que se obtuvo, ya es obsoleto. Hace un corto tiempo lo pagaste al costo de dos meses de trabajo y hoy salió en el diario, el mismo aparato que el tuyo, pero….en oferta, ¡A la mitad de su valor! Y te quedas boquiabierto, mirando la foto y pensando: “Que tonto, hubiera esperado un poco” Entonces como ya es “viejo” nadie lo quiere. Comienza de nuevo el ciclo, busco el último, y al otro, lo tiro o lo regalo… ¡Vaya ritmo de vida!

Quien de nosotros gastaría el ahorro de un año o de dos para comprar algo que en seis meses va a ser obsoleto o que no servirá para prestar el servicio deseado. Es asombroso pero ese es el costo del entretenimiento. Es el lujo más caro y más dañino, cuando, se le permite controlar el pensamiento y ser directiva de las decisiones.

Se llama a esta generación  la “generación de los aburridos”, y con razón. Se los ve salir de los negocios emocionados por la nueva compra, entran al auto y abren los paquetes para ver que funciones tiene lo adquirido, ¡no aguantan a llegar a casa! Cada uno esta sumido en su mundito que se ve en la pantallita o en los botoncitos, todo es emoción y alegría y olvido de los problemas por algún tiempo, porque “¡Tengo lo último!”. Pero, en unos días, todo lo invertido en ello queda archivado en el cajón de la mesa de luz, o anda por la cocina de un mueble a otro porque se aburrieron de usar siempre lo mismo; ya es hora de comprar algo nuevo para alimentar la fantasía; pero, habrá que esperar a terminar de pagar lo que ya tenemos y no queremos mas. No nos dan tiempo a digerir siquiera lo que tenemos cuando ya podemos comprar lo mismo...mejorado.

Tengo una humilde propuesta. Maduremos junto a la tecnología.

Si se debe vivir rodeado de entretenimiento, y es algo que no podemos cambiar, lo declaro con todo respeto, que es hora de ponerse a transferir, de manera actual, digamos, entretenida, todo aquello que nos fue impartido de otra forma, de parte de Dios. Y al decir de manera entretenida, no hablo de adulterar el contenido, sino de envasarlo en recipientes más vigentes y adecuados.

No cambiar la verdad fundamental, transformar los métodos haciéndolos efectivos y actuales. Normalmente se cree que el método que Dios usó para reformar a una persona es el que va a usar en todas las personas, y por siempre; y esto, conociendo al Señor, esta muy lejos de ser real. El trabaja en cada generación de la manera más efectiva. ¡Dios es contemporáneo!

 

El mundo esta escribiendo una situación histórica que nunca antes trazó, nuevas situaciones, cambios profundos, que deberían obligar a encontrar nuevas expresiones para manifestar la fe que transformó miles de vidas y puede seguir haciéndolo.

Ello requiere valentía acompañada de un audaz esfuerzo, el tomar decisiones muchas veces arriesgadas.

Vivimos en una bisagra espiritual sin precedentes en la historia, por ende, se debe perder el temor a fracasar y a las murmuraciones destructivas.

La iglesia tiene una ordenanza, que es emitir el mensaje de salvación y vida, se deben encontrar los métodos de hoy para hacerlo. Usemos lo que este a nuestro alcance para cumplir el mandato del Señor. Gastemos todo lo que podamos en adelantos y tecnología, pero para darle el significado y el uso que Dios desea darles a esas herramientas en nuestras manos: ¡Testificar del gran poder, amor y perdón que vienen de Dios!

Termino citando las palabras de José Antonio Cuenca, especialista en sociología pastoral, que dijo: “Para que el evangelio llegue a influir de verdad sobre nosotros y nuestro contexto, es necesario tener en cuenta las circunstancias concretas en que vivimos. No podemos vivir como cristianos sin responder con honestidad y verdad a las circunstancias reales de nuestra vida. Los cristianos somos miembros de la sociedad en que vivimos y llevamos dentro la responsabilidad del tiempo presente”

Dios siga bendiciéndolos.