En una semana donde celebramos la educación, recordando al prócer argentino, don Domingo Faustino Sarmiento o donde, como iglesias evangélicas, reconocemos la labor de las escuelas cristianas, vuelvo a pensar en los pequeños, en los niños, aquellos de los cuales es el Reino de Dios.
El debate sobre la educación sexual en los colegios continúa, el desarrollo por el proyecto de Ley Nacional de Educación sigue adelante y ¿nosotros?… Nosotros seguimos batallando, orando y construyendo el pensamiento evangélico en torno a este sentido.
Me fue muy grato leer una gacetilla de prensa donde un diputado de la ciudad de Buenos Aires expresó que «es inaceptable que mediante la construcción cultural relativista de la "perspectiva de género" se pretenda educar a nuestros hijos, estableciendo como principio básico de la educación sexual, que "la sexualidad cambia según la edad y las personas". Mediante este pensamiento, quieren enseñarles a los niños que pueden elegir entre 5 categorías o géneros: homosexual, bisexual, lesbiana, hombre heterosexual y mujer heterosexual, reemplazando así el sexo biológico. … los principales objetivos del proyecto de mi autoría están destinados a afirmar la identidad sexual de los educandos: del niño como varón y de la niña como mujer; contribuir a sus desarrollos integrales como personas, rechazar todo tipo de explotación sexual y promover la reflexión y la responsabilidad en el ejercicio de la sexualidad.»
Muchas personas pretenden confundir a los niños para así confundir a los grandes y ¡qué paradójico! esto vuelve a la arena de la discusión, significativamente, en la semana donde dos celebraciones muy importantes refieren a la educación. No nos dejemos vencer por lo vencido. Jesucristo es Señor de señores y a Él encomendamos a nuestros hijos, nuestra lucha por una educación sin vicios del pecado, con ejemplos bíblicos que los ayuden a ser hombres y mujeres de bien. Sí, dije hombres y mujeres, y no dije hombres homosexuales, mujeres transvertidas o cualquier otra cosa que se le parezca.
Para que la educación sexual sea enseñada de manera correcta en las escuelas se deben respetar los valores morales y religiosos de cada núcleo familiar, pero también como padres debemos asumir el rol de agentes naturales y educadores tempranos de la sexualidad para nuestros hijos. No podemos dejar esta enorme responsabilidad en el aparato del Estado, es nuestra responsabilidad. A nosotros se nos fueron confiadas sus vidas, y nosotros daremos cuenta ante Dios por ellos.
Me gocé al leer que el gobierno nacional reconoció la labor de una maestra cristiana, Edith Winter, de Río Cuarto como Maestra Ilustre de 2006 por la provincia de Córdoba. La lucha de esta mujer ha sido persistente y esperanzada en Dios. Los testimonios que dan cuenta de su fe y la de su familia, no dejan lugar a otro hacedor más que al Señor. Expresiones como “los chicos cambian mucho a partir del cariño que reciben de sus maestros, a partir de que se los atiende en sus necesidades básicas. Nos refugiamos mucho en Dios y hacemos todo lo que podemos” y “Dios nunca nos abandonó”, dan cuenta de ello.
Me pregunto cuántas maestras y maestros ilustres hay en nuestro país que conocen al Señor y que no son ni serán distinguidos por el Presidente de la Nación. A todos ellos los distingue Dios y Jesús les recuerda como en la parábola de los talentos: «Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor».