
Vivimos una época de pluralismo e integración que, por un lado nos enseña demasiado rápido, sin embargo, por otro lado nos obliga a compararnos. Se acostumbra a que, si no cumplimos cierto estándar, es como que no tenemos parte de esto o aquello, y eso hace que bajemos los brazos. Lee este artículo y podrás replantear que tus vivencias pueden ser positivas.
Cuando los emprendimientos metas o planes se encaran con expectativas, de una manera inexplicable, todo se organiza dentro de lo que se espera sea posible.
No podemos negar, que el descuidar el nivel de interés o de atención en lo que hacemos, crea un entorno arduo, lánguido y hasta se torna casi imposible conseguir participantes para los planes que se tienen; y se vuelve pesada y cuesta arriba la labor, porque en este estado es difícil mantener la visión fresca, y a flote, en los que influenciamos.
Si buscamos un antónimo de expectativa, creo que lo más acertado sería: “INDIFERENCIA” ya que la indiferencia esta asociada con la “DESILUCIÓN”. Esta última es la que apaga todo deseo, vocación; y destruye metas, planes, visión y aun iglesias.
La indiferencia nos asalta por varias razones, entre las que, creo yo, son las más fuertes (sin pretender que sea exhaustivo mi punto de vista) están: El estrés, las malas experiencias, la soledad.
Estrés es una palabra acuñada a nuestro vocabulario por el investigador canadiense Hans Sleyle, allá por el 1956, cuando editó su libro “El estrés de la vida”. Este término, proveniente del ingles significa: Peso, presión o acento, como cuando se comprime o aprieta algo; por ejemplo apretar una naranja para sacarle jugo.
La presión o peso de las que llamo yo, sobre-responsabilidades a las que estamos expuestos, producen períodos de crisis y falta de fuerzas. Quieren realizarse las cosas, pero, reina una sensación de aridez, de esterilidad e incapacidad que al poco tiempo resulta en agotamiento. La falta de resultados visibles, crisis de convivencia, incluso de fe, van tornándose como gigantes invencibles. En poco tiempo, una persona con estos síntomas, se torna indiferente, se resigna a que no hay salida, y, junto a su insensibilidad, se paraliza. Antes era activo, alegre, dispuesto… ahora esta desanimado, resentido y rebelado.
El otro componente que hace a la indiferencia es lo que llamaría:
Malas experiencias. Sin querer entrar en el área del fanatismo sino de lo innegable, la palabra mala o mal esta asociada con maléfico, perverso, diabólico. Cuando, por ejemplo, la esfera en la que se mueve una persona se torna ingobernable, anárquica le causa heridas a su autoestima. Otra cosa que afecta mucho, es lo que sucede cuando se dio toda la fuerza y atención a un plan de encaminar correctamente al prójimo que no reconoció el tremendo arrojo y renuncia que demandó ayudarlos. Habitualmente los que nos rodean se ponen a criticar, a juzgar lo que a veces se hace con intenciones integras y sacrificadas. Los que ven estas actitudes de abnegación en los demás, y no entienden de qué se trata, usualmente los tienen por ridículos riéndose del comportamiento de aquellos. Allí entra en el corazón de los heridos un sentimiento de sorpresa, porque se esperaba reconocimiento y agradecimiento, sin embargo se obtiene oposición y crítica destructiva. Se siente como cuando a la boca hambrienta, que extendiste un bocado de pan, te muerde la mano. Estas experiencias causan heridas en el corazón, muy profundas, difíciles de sanar y superar. Este factor, al dejarlo crecer en el alma, acarrea, en definitiva, indiferencia.
La soledad. La soledad viene, impuesta por la situación o auto impuesta por lo descrito anteriormente. Todas esas heridas u otras hacen que el orgullo juntamente combinado con ciertos complejos se sienta herido, y se infle para defenderse de los ataques que sufre, a tal punto que se cree victima de la situación y se encierra en la soledad. Hasta comienza a pensar, erróneamente, que se volvió humilde y hasta tímido, pero, como alguien dijo: “El tímido o vergonzoso, en realidad es un orgulloso camuflado. Siente vergüenza de hablar en una fiesta porque piensa que todos lo están mirando o escuchando solamente a el”
La soledad agobia y deprime, lo que hace que se pierda en interés genuino en las cosas buenas.
La salida.
No existe una solución que, entenderíamos como ausencia de problemas, en los aspectos antes descritos.
En medio de este valle oscuro se debe buscar una salida, la más cercana y viable que no deje de ser aprobada por Dios.
Tengamos en cuenta que la vida cristiana muchas veces no da una absoluta tranquilidad o bienestar, en el sentido social o táctil del término, ni es esa su meta. El propósito de Dios en esta vida es que se cumpla su voluntad para que Cristo sea glorificado en el cristiano y no tanto darle una vida de total placer y libertad de dificultades, Filipenses 1:20.
La gente dice, por ejemplo, “Lo más importante es la salud” o “Si no falta la comida somos felices” sin embargo, si somos sinceros, sabemos que la salud no es lo más importante, sino que debe ir acompañada de otras cosas para ser importante. Para el creyente, la salud o el dinero o la comida no es un fin en si mismo, sino un medio para estar capacitado para cumplir el proyecto de Dios eficazmente.
El concepto bíblico de expectativa esta relacionado con la verdad; cuando andamos en la verdad y alineamos toda nuestra vida en pos de ella, incluso nuestras ideas y puntos de vista, la expectativa se levanta.
Se requiere no solo cumplir tres o cuatro preceptos de la iglesia para decir que la expectativa esta bien y la vamos a mantener ahí, sino que se necesitan algunas cosas más que ayudan a mantenerse arriba.
Una gran dosis de humildad y paciencia frente a los que tienen un punto de vista diferente al propio y a los débiles que fallan seguido.
Estar muy seguro que lo que se esta haciendo es lo que uno sabe hacer mejor y siente una fuerte vocación por ello.
Entender cabalmente que, luchar con dificultades, desafíos, oposición, trabas y problemáticos, y resolver esto, es parte del trabajo diario.
Saber que la crítica estará a cada momento, en cualquier movimiento que se realice, si no se desean críticas, entonces que no se haga nada.
Compartir las cargas personales con alguien que escuche y aliente.
Estos son algunos de los pasos que se pueden poner en práctica cada día como para mantenerse en alto.
Dios siga bendiciéndolos.