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Fariseos – 2ª Parte
Por Dr. Daniel E. Dañeiluk | Fecha de publicación:  29/08/2006 | Estudios Bíblicos | No calificado
Dr. Daniel E. Dañeiluk
Médico, egresado de la UBA en 1992. Realizó postgrados en Diabetología y Medicina Forense. Actualmente se desempeña en el Depto. Médico Legal del Servicio Penitenciario Federal, como Médico Forense con jerarquía militar. Músico. Director Coral. Uno de los fundadores y primer Director de la Agrupación Hosanna.  

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Fariseos – 2ª Parte

Continuación

Fariseos Buenos y Malos
           
A pesar de que el fariseísmo enfatizaba la obediencia a la Ley, Jesús criticó a los fariseos porque anteponían sus buenas obras delante de los hombres como si portaran una medalla de honor

Tanto el Nuevo Testamento como la literatura judía describen a varios fariseos justos, sinceros y honestos. Nicodemo (Juan 3:1) y José de Arimatea creyeron el mensaje de Jesús y se esforzaron en seguirle (Juan 7:50; Juan 19:39; Mar. 15:43). Gamaliel, el maestro de Pablo, apeló para que fueran más tolerantes con los cristianos. En por lo menos una ocasión, algunos fariseos le informaron a Jesús que Su vida peligraba, y otros demostraron su hospitalidad al Señor (Luc.13:31, 7:36, 11:37, y 14:1). Saulo de Tarso, el escritor más prolífico del Nuevo Testamento, era un fariseo (Hech. 23:6).

Jesús y los Fariseos

Las enseñanzas de Jesús eran más semejantes a las de los fariseos que a cualquiera otra secta de Sus tiempos, en especial a las del famoso rabino Hillel.
           
Dentro del fariseísmo había gran discordia entre la Escuela de Hillel y la Escuela de Shammai. Hillel era más compasivo en su interpretación de la Ley que Shammai, quien era bastante conservador e intransigente. Hillel era de como 30 años mayor que Jesús, y resumía la Ley de la siguiente manera: "Lo que ustedes no quieran que otros les hagan, no se lo hagan ustedes a ellos; ésta es toda la Ley, y el resto es simple comentario". Esta expresión es muy semejante a la famosa frase de Jesús, conocida como la Regla de Oro: "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas" (Mat. 7:12). A manera interesante, muchos de los ataques farisaicos contra Jesús provenían de la Escuela de Shammai, y el Señor utilizaba las enseñanzas de la Escuela de Hillel para establecer Sus argumentos.
           
Si muchas de las enseñanzas de Jesús parecían estar estrechamente relacionadas a los principios básicos del fariseísmo, entonces, ¿cómo explicamos la fuerte condena de Jesús contra los fariseos? Los acusa de ser hipócritas y pretenciosos, culminando con la terrible frase: "¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?" (Mat. 23:33).
           
Se debe destacar que la mayoría de los siete "ayes" tienen que ver con la forma en que los fariseos practicaban la Ley, y no con lo que decían. Jesús comienza sus condenas con lo siguiente: "...hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí" (Mat. 23:5-7).
           
Cuando Jesús criticó el contenido de las enseñanzas farisaicas, lo hizo en referencia a Ley Oral y no a la Ley Escrita. Se refirió a la Ley Oral con el término "tradiciones de hombres", la cual era tan venerada como la Biblia (Mat. 23:16-22,23). Jesús dijo: "Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición" (Mar. 7:9; Mat. 15:3).
           
Estas "tradiciones de hombres" habían sustituido y, en ocasiones, invalidado los mandamientos de la Palabra escrita de Dios. Jesús no criticó la autoridad ni la validez de la predicación de quienes se sentaban en la cátedra de Moisés, pero dijo: "todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo" (Mat. 23:2). Pero muchas de las demandas minuciosas de la tradición oral representaban una carga demasiado difícil e innecesaria, con las que los fariseos presionaban al pueblo (Mat. 23:4). No pudieron mantener una consistencia entre la tradición y la Ley escrita, por lo cual se convirtieron en "ciegos guías de ciegos" (Mat. 15:14; 23:16-26). Aún nosotros los cristianos nos debemos cuidar de no considerar ciertas "doctrinas" que carecen de base escrituraria como si estas "tradiciones de hombres" fueran Palabra de Dios.
           
La preocupación excesiva de los fariseos con lo externo en contraste con el cambio interno del corazón inevitablemente los condujo a que ignoraran las cosas más importantes de la Ley (Mat. 23:23). "...pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón" (1 Sam. 16:7) Jesús citó a Isaías cuando les dijo: "Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado" (Is. 29:13; Mar. 7:6-7).
           
Por medio de los "ayes", Jesús enseñó que enfatizar la apariencia externa antes del corazón era como limpiar "lo de fuera del vaso y del plato", mientras permanecían "llenos de robo y de injusticia". Eran como "sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia" (Mat. 23:25, 27). Les dijo: "Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio" (Mat. 23:26).

¿Qué Significa esto para Nosotros?

De manera ideológica, el fariseísmo era bueno porque tenía intención de que las personas vivieran vidas rectas delante de Dios. El hecho es que muchas de las enseñanzas de los fariseos eran doctrinalmente muy semejantes a las del cristianismo.
           
Debemos agradecerle a los fariseos una cantidad de contribuciones significativas. Primeramente, fueron los fariseos quienes preservaron para nosotros las Escrituras Hebreas (Antiguo Testamento).  También formularon mucha de la doctrina antigua, la que ahora forma parte de la teología cristiana. De los fariseos también heredamos algunos elementos de su organización en la sinagoga. Los fariseos fueron los primeros en evangelizar y enviar misioneros. Vivían con la expectativa de ver la llegada del Mesías, y de este grupo salieron muchos de los primeros creyentes en Yeshúa el Mesías (Moseley, 117). Además, los fariseos lucharon ardientemente por proteger y preservar la nación de Israel.
           
Es importante reiterar que las enseñanzas de Jesús eran más semejantes a las de los fariseos que a cualquiera de las otras sectas judías. Quizás fue esa la razón por la que se molestaba tanto con ellos. Al declarar que "en la cátedra de Moisés se sientan", Jesús confirmaba la autoridad de su mensaje, pero denunciaba su práctica.
           
Algunos eruditos opinan que este hecho, de que los fariseos habían errado al blanco, angustiaba profundamente a Jesús. Aunque estaban muy cercanos a la verdad, se habían desviado. Jesús sufría gran ansiedad por esta causa, y anhelaba que Su pueblo Israel lo reconociera. Los fariseos esperaban al Mesías, pero no lograron reconocer al "verbo hecho carne", la revelación de Dios al hombre, en cumplimiento de la Torá.

Sorprendentemente, fue al final de esta serie de denuncias que Jesús demostró cuánto amor y compasión sentía por Su pueblo. Estando sobre el Monte de los Olivos, lloró sobre Jerusalén y dijo: "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!" (Mat. 23:37).
           
Jesús no estaba rechazando a los fariseos ni a Su pueblo. Al contrario, les estaba dirigiendo un fuerte mensaje profético para que se arrepientan de corazón y establezcan una relación correcta delante de Dios. Las obras justas vendrían como resultado de su comunión con Dios y una vida justa, contrario a las obras basadas en un conocimiento intelectual y cumplimiento religioso. De la misma manera, si carecemos de una relación íntima con Dios, y hacemos obras basándonos en esfuerzos legalistas en lugar de que sean producto de nuestra fe (Ef. 2:8-9), son en vano e impiden que nos acerquemos a Dios.
           
Éste es el mensaje central para todos nosotros. Mirémonos como en un espejo. ¿Seremos igualmente culpables de lo mismo que los fariseos y escribas? ¿Hemos eliminado todo el orgullo y egoísmo de nuestra propia vida? ¿Obedecemos la Palabra de Dios simplemente por cumplir con un deber religioso, o brotan nuestras acciones justas de lo más profundo del corazón como una expresión de nuestro amor y nuestra relación genuina con Él? ¿Nos encontramos predicando una cosa y haciendo otra? ¿No hemos sido todos hipócritas en algún momento durante nuestro caminar con el Señor...o tal vez en estos instantes?
           
No podemos vestirnos externamente de la justicia de Dios como si fuese una prenda de vestir, sino que debe venir desde el interior. "...por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús...¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida..." (Rom. 3:23-24, 27a).
           
Ninguno de nosotros es justo por nuestro propio mérito. Isaías dijo: "Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia..." (Is. 64:6). Sólo podemos alcanzar la justicia cuando reconocemos y renunciamos a nuestro pecado, aceptando por fe la obra redentora del Mesías sobre la cruz. "Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Cor. 5:20b, 21)"
           
El apóstol Santiago señaló lo siguiente: "Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma" (Sant. 2:17). Dijo además: "Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos" (Sant. 1:22).
           
Ésta no es una contradicción, sino una declaración de que si tuviésemos verdadera fe y una íntima relación con Dios, nuestra vida llevaría mucho fruto como resultado natural e inevitable de esa fe. Pablo le escribió a los Gálatas: "Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.  Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu" (Gál. 5:22-25).
           
Conclusión

 

Aunque ya no existe una secta judía exactamente como la de los fariseos, muchos aseveran que el contemporáneo grupo de los conservadores guardan gran parecido a ellos, con algunas de sus cualidades buenas como malas que los hacen un tanto controversiales.

 

Sin embargo quiero resaltar sobre lo que considero fundamental:

El ataque de Jesús a los fariseos era contra su hipocresía. Parecer lo que no son y decir lo que no hacen.

Nadie ha sido más cumplidor de las Leyes que Jesús. De hecho fue el único que pudo hacerlo.

 

Entonces, si bien es más fácil que el creyente conservador sea catalogado como fariseo, a la altura de estos tiempos, nació una nueva generación de potenciales “nuevos fariseos”

Porque no se trata solamente de la opinión, sino de la concordancia entre dichos y hechos.

Y para esto no es necesario ser conservador o liberal. Ambos pueden ser hipócritas.

Y más aún es hipócrita aquel que juzga a su hermano llamándolo “fariseo”, cuando su vida personal no condice con sus palabras, ya sea con su prédica, con sus cánticos o simplemente con sus actitudes.

 

Recordemos: Jesús condenaba la hipocresía de los fariseos pero no los fariseos por el hecho de serlo.

 

Examinemos nuestras vidas a la Luz de las Escrituras. Y dejemos de malversar esta palabra: “Fariseo”

 

¡Bendiciones!

 

 

Bibliografía:

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2) Philip Blackman, ed. Mishnah .(New York: Judaica Press, 1983).
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4) Louis Finkelstein. The Pharisees. (Philadelphia: The Jewish Publication Society, 1962).
5) Jerusalem Talmud. (London: Soncino Presss, 1948).
6) Josephus.Antiquities, trans. William Whiston. (Philadelphia: Winston Press, 1969).
7) Josephus.Life, trans. William Whiston. (Philadelphia: Winston Press, 1969).                                                                                                             8) Bridges for Peace Ministries, Israel                                                            9)Ron Moseley. Yeshua,A Guide to the Real Jesus and the Original Church. (Hagerstown, MD: Ebed Publications, 1996).
10) The New International Study Bible. (Grand Rapids, MI: The Zondervan Corporation,1985).
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13) Dr. G. Douglas Young. Young’s Compact Bible Dictionary. (Wheaton, IL: Tyndale House Publishers, Inc., 1989).
14) The Zondervan Pictorial Encyclopedia of the Bible. (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1976).