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El Nuevo Paradigma
Por Dr. Daniel E. Dañeiluk | Fecha de publicación:  8/08/2006 | Para Reflexionar | No calificado
Dr. Daniel E. Dañeiluk
Médico, egresado de la UBA en 1992. Realizó postgrados en Diabetología y Medicina Forense. Actualmente se desempeña en el Depto. Médico Legal del Servicio Penitenciario Federal, como Médico Forense con jerarquía militar. Músico. Director Coral. Uno de los fundadores y primer Director de la Agrupación Hosanna.  

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El Nuevo Paradigma

La Iglesia “en el mundo” pero “no del mundo”

Aunque reiteradamente, la Biblia a través de Jesucristo y de sus apóstoles insiste en aclarar que los creyentes no somos del mundo, esto es a todas luces una apreciación espiritual, que necesariamente debe tener una traducción en la forma de pensar y de conducirse de los creyentes. También el sentido del concepto nos inspira a pensar en el destino de Vida eterna en los Cielos.

Sin embargo, la Iglesia, parte del mundo, pero paradójicamente ajena a él, no es impermeable a las corrientes ideológicas o filosóficas que dominan determinado tiempo. Es que la Iglesia de Cristo está formada por seres humanos, tan iguales como todos, que viven en una comunidad que está en la tierra, no en los cielos. Tampoco la iglesia se aísla, ni debería hacerlo. La Iglesia está en el mundo y la idiosincrasia de sus integrantes está embebida en la cultura que los envuelve.

Si nos detenemos a observar la forma de pensar de los creyentes de diferentes épocas y lugares nos encontramos con una variedad de expresiones y puntos de vista, y a veces con tal disimilitud que resultaría incompatible su convivencia simultánea.

Así a lo largo del tiempo y en diferentes lugares, la sociedad ha ido mantenido y cambiando sus paradigmas.

Pero ¿Qué es un paradigma?

Miremos algunas definiciones: Modelo fundamental desde el cual se piensa o se realizan hechos y teorías predominantes. Aspecto o situación que se toma como patrón, ejemplo o modelo en forma esquemática. Conjunto de opiniones, valores y métodos compartidos por los integrantes de un colectivo. Es un modelo o esquema fundamental que organiza nuestras opiniones con respecto a algún tema en particular.

De una u otra manera, las definiciones apuntan en un sentido: Ejemplo, o modelo a imitar o con el que comparar algo.

A estas definiciones habría que recalcar sobre lo ya mencionado. Los modelos o paradigmas van cambiando y sustituyéndose por oros paradigmas.

Teniendo más o menos en claro lo que se entiende por paradigma, y considerando que son representaciones conceptuales del ideario comunitario, y que la Iglesia no es ajena a la comunidad a la que pertenece, me quiero referir a uno de los paradigmas que han sido fundamentales a lo largo de la historia de la humanidad: La felicidad.

La Felicidad

Concepto difícil de definir como pocos.  ¿Qué es la felicidad? Es la pregunta del millón.

Definir el concepto de felicidad es tarea ardua. Seguramente sea una de las definiciones más controvertidas y complicadas. El ser humano ha tendido siempre a perseguir la felicidad como una meta o un fin, como un estado de bienestar ideal y permanente al que llegar, sin embargo, parece ser que la felicidad se compone de pequeños momentos, de detalles vividos en el día a día, y quizá su principal característica sea la futilidad, su capacidad de aparecer y desaparecer de forma constante a lo largo de nuestras vidas.

Otra de las controversias en torno a este tema es dónde buscar la felicidad, si en acontecimientos externos y materiales o en nuestro interior, en nuestras propias disposiciones internas. Aún hoy es difícil responder a esta cuestión.

La felicidad, concepto con profundos significados , incluye alegría, pero también otras muchas emociones, algunas de las cuales no son necesariamente positivas (compromiso, lucha, reto, incluso dolor).

Imanuel Kant decía que “la felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación”. John Locke aportaba que “los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias”.

Desde antiquísimos tiempos, la felicidad era la meta en la vida del ser humano.

Si ser feliz consistía en escribir un libro,  y la persona lo hacía, aunque nadie lo leyera el objetivo se daba por alcanzado. Si ser feliz consistía en formar una familia y transcurrir por la vida tan solo amándola, y eso se lograba, entonces el objetivo era alcanzado. Si ser feliz consistía en llegar a ser un músico y el solo placer de tocar llenaba el espíritu, entonces el objetivo era alcanzado.

La Felicidad surgía del sentimiento íntimo de la persona y tenía relación con una sensación de plenitud que la satisfacía, mas allá de la opinión de los demás.

El punto de vista cristiano

Los cristianos, llegamos a entender la Felicidad como la vida plena en Cristo, de acuerdo a la Voluntad de Dios. Un concepto asociado a esperanza, mucho más trascendente que el efímero momento de alegría o placer.

La felicidad del cristiano le permite “gozarse aún en la tribulación”.

De cualquier manera, la felicidad es vivida como un sentimiento íntimo y personal de satisfacción. Satisfacción “a pesar de”.

 

El cambio de paradigma

En los últimos tiempos, sobre todo impulsados por la explosión mediática y la propaganda, este paradigma que se había mantenido incólume por milenios, de repente ha sido sustituido por otro.

El nuevo paradigma es mucho más efímero, mensurable y comparable.

El nuevo paradigma se llama ÉXITO.

¿Qué entendemos por éxito?

Éxito viene del latín exĭtus, “salida”. Podemos definirlo como el “Resultado feliz de un negocio, actuación, etc”, O como la “Buena aceptación que tiene alguien o algo” o como el “Fin o terminación de un negocio o asunto”.

Entonces el concepto de éxito difiere del de felicidad en algunos aspectos de relevancia mayor.

La felicidad es un sentimiento interno, algo ambiguo y absolutamente personal. El éxito depende del mundo que rodea al individuo. El éxito depende de la trascendencia del individuo en ese contexto.

De alguna manera, quien decide si una persona es exitosa no es la propia persona, sino el mundo que la rodea.

Hagamos un paralelismo con ejemplos ya dados:

Si una persona escribió un libro, pero a este solo lo leyó su editor, entonces esta persona no es exitosa.

Si una persona formó una familia, la ama y es amado por ella, pero es pobre, entonces  esa persona no es exitosa.

Si alguien gusta de la música y aprende a tocar un instrumento pero solo es escuchado por su madre y sus amigos, y no llega a grabar un CD o no trasciende a los medios de difusión masivos, entonces esta persona no es exitosa.

El éxito es otorgado por el medio y se puede medir y comparar.

Por ejemplo:

El Pastor Fulano es más exitoso que el Pastor Mengano, porque la congregación de Fulano tiene 4.000 miembros, mientras que la de mengano solo 200. El cantante Pepe es exitoso porque vendió 10.000 copias de su tercer CD mientras que José apenas si dirige la Alabanza de su Iglesia local.

El problema del éxito

El problema del éxito es no tenerlo. Porque el éxito se tiene o no se tiene. Y cuando el éxito no se tiene sobreviene la frustración. La frustración es dolor, es amargura.

La frustración de un Padre se traduce en sufrimiento para toda su familia.

La publicidad bombardea nuestra mente con imágenes de lo que debería ser considerado éxito. Pasión, poder, dinero, lujos, placer, etc. Pertenecer es la clave del éxito.

El asunto que para “pertenecer” primeramente hay que entrar, y la manija de la puerta es el dinero.

¿Y quien le puede “aguantar” el ritmo a las propuestas de la publicidad? Para quien no tenga su mente afirmada, cada propuesta no concretada genera una frustración.

¿Por qué los suicidios predominan los fines de semana? Porque cuando no trabaja, la persona tiene la oportunidad de parar su ritmo frenético y confrontarse con una realidad insoportable.

¿Por qué los Jóvenes “se pasan de rosca” en los boliches los fines de semana? Porque quieren escapar de una realidad que los hace sentir frustrados. Es la razón y uno de las motivaciones más importantes en el camino a las drogas.

El éxito en la Iglesia

El cambio de paradigma Felicidad por Éxito se infiltró en la Iglesia.

No me estoy refiriendo a la idiosincrasia de la gente común y que como creyentes que habitamos este mundo compartimos.

El paradigma “Éxito” se infiltró en los contenidos doctrinarios de la Iglesia evangélica actual.

“Mensajes de éxito” los llaman algunos.

Yo los llamaría fórmulas atractivas que de no tener resultado generan frustración. La frustración genera culpas. Y de las culpas se aprovechan los mercaderes del Evangelio para manipular los sentimientos de las personas.

“Somos un pequeño pueblo muy feliz”. Esta frase de una antigua canción fue descalificada y a veces con argumentos razonables. Hay quienes utilizaron esta frase con buen criterio, para demostrar que la Iglesia debe trabajar y crecer, trascendiendo las cuatro paredes. Comparto ese punto de vista.

Pero esta frase ha sido sustituida por otra, mucho más adecuada a estos tiempos: “Somos una Iglesia exitosa”.

Querido lector: ¿Cuál de los paradigmas propuestos supone Usted como más ajustados a la Mente de Cristo?

¡Bendiciones!