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Encontrándonos con Dios
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Prof. David Acevedo

Misioneros, junto a su esposa Fernanda Abbona e hijos Pablo y Adriel, en La Punta, Pcia. de San Luis. Profesor de Música. Profesor del CCC (Centro Cristiano de Capacitación). Graduado del IBRP (Instituto Bíblico Río de la Plata).  
Por Prof. David Acevedo
Publicado el 14/06/2006
 

Ay! ¡Cómo extraño a mi mamá! Y ¡a mi abuela! ¡Que ricas comidas hacía!

A veces, solo valoramos a las personas cuando...

Encontrándonos con Dios

¡Ay! ¡Cómo extraño a mi mamá! Y ¡a mi abuela! ¡Que ricas comidas hacía!

A veces, solo valoramos a las personas cuando las tenemos lejos, o ya no contamos con ellas. Nos queda esa sensación de que las disfrutamos muy poco, porque si estuvieran cerca las apreciaríamos mas. Esto nos pasa a aquellos que nos separamos de nuestros seres queridos. Algunos, están lejos de nuestros hogares y a otros los veremos en la presencia de Dios. El profeta Isaías nos dejó estas palabras para reflexionar:

Isaías 55: 6     “Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo, llámenlo mientras está cerca.

En algunas oportunidades escuchamos a algunas personas que dicen: Dios me dejó, o Dios se alejó de mí. Y lo más probable, es que nosotros dejamos a Dios y nosotros nos alejamos de Él.

La bendición de este día es que podemos llamar a Dios.

Cuando estamos contentos, deseamos encontrarnos con amigos. Cuando estamos tristes, buscamos compañía de las personas que más nos entienden. Y hay una persona, allí en lo alto que nos observa. Nos ve, y me imagino, que está deseando que le dirijamos la palabra. Dios nos quiere, Él nos ama. El Amor de Dios fue tan grande, que envió a su hijo para que muera por nuestros pecados. Y de esta manera, reconciliarnos con El.

Jesús una vez contó una historia de un mendigo y un rico. Dice así: Lucas 16: 19-31

“Había un hombre rico, que se vestía con ropa fina  y elegante y que todos los días ofrecía espléndidos banquetes. 20Había también un pobre llamado Lázaro, que estaba lleno de llagas y se sentaba en el suelo a la puerta del rico. 21Este pobre quería llenarse con lo que caía de la mesa del rico;  y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas. 22Un día el pobre murió, y los ángeles lo llevaron a sentarse a comer  al lado de Abraham. El rico también murió, y fue enterrado.

23“Y mientras el rico sufría en el lugar adonde van los muertos,  levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro sentado a su lado. 24Entonces gritó: ‘¡Padre Abraham, ten lástima de mí! Manda a Lázaro  que moje la punta de su dedo en agua y venga a refrescar  mi lengua, porque estoy sufriendo mucho en este fuego.’ 25Pero Abraham le contestó: ‘Hijo, acuérdate que en vida tú recibiste tu parte  de bienes, y Lázaro su parte de males. Ahora él recibe  consuelo aquí, y tú sufres. 26Aparte de esto, hay un gran abismo entre nosotros y ustedes; de modo  que los que quieren pasar de aquí allá, no pueden, ni de allá tampoco pueden pasar aquí.’

27“El rico dijo: ‘Te suplico entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a la casa de mi padre, 28donde tengo cinco hermanos, para que les llame la atención, y así  no vengan ellos también a este lugar de tormento.’ 29Abraham dijo: ‘Ellos ya tienen lo escrito por Moisés  y los profetas: ¡que les hagan caso!’ 30El rico contestó: ‘Padre Abraham, eso no basta; pero si un muerto resucita y se les aparece, ellos se convertirán.’ 31Pero Abraham le dijo: ‘Si no quieren hacer caso a Moisés  y a los profetas, tampoco creerán aunque algún  muerto resucite.’ ”

Que les parece, si aprendemos de esta historia, y hoy nos decidimos a buscar a Dios. Él nos está esperando. Que Dios los bendiga.