
Ay! ¡Cómo extraño a mi mamá! Y ¡a mi abuela! ¡Que ricas comidas hacía!
¡Ay! ¡Cómo extraño a mi mamá! Y ¡a mi abuela! ¡Que ricas comidas hacía!
A veces, solo valoramos a las personas cuando las tenemos lejos, o ya no contamos con ellas. Nos queda esa sensación de que las disfrutamos muy poco, porque si estuvieran cerca las apreciaríamos mas. Esto nos pasa a aquellos que nos separamos de nuestros seres queridos. Algunos, están lejos de nuestros hogares y a otros los veremos en la presencia de Dios. El profeta Isaías nos dejó estas palabras para reflexionar:
Isaías 55: 6 “Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo, llámenlo mientras está cerca.
En algunas oportunidades escuchamos a algunas personas que dicen: Dios me dejó, o Dios se alejó de mí. Y lo más probable, es que nosotros dejamos a Dios y nosotros nos alejamos de Él.
La bendición de este día es que podemos llamar a Dios.
Cuando estamos contentos, deseamos encontrarnos con amigos. Cuando estamos tristes, buscamos compañía de las personas que más nos entienden. Y hay una persona, allí en lo alto que nos observa. Nos ve, y me imagino, que está deseando que le dirijamos la palabra. Dios nos quiere, Él nos ama. El Amor de Dios fue tan grande, que envió a su hijo para que muera por nuestros pecados. Y de esta manera, reconciliarnos con El.
Jesús una vez contó una historia de un mendigo y un rico. Dice así: Lucas 16: 19-31
“Había un hombre rico, que se vestía con ropa fina y elegante y que todos los días ofrecía espléndidos banquetes. 20Había también un pobre llamado Lázaro, que estaba lleno de llagas y se sentaba en el suelo a la puerta del rico. 21Este pobre quería llenarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas. 22Un día el pobre murió, y los ángeles lo llevaron a sentarse a comer al lado de Abraham. El rico también murió, y fue enterrado.
23“Y mientras el rico sufría en el lugar adonde van los muertos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro sentado a su lado. 24Entonces gritó: ‘¡Padre Abraham, ten lástima de mí! Manda a Lázaro que moje la punta de su dedo en agua y venga a refrescar mi lengua, porque estoy sufriendo mucho en este fuego.’ 25Pero Abraham le contestó: ‘Hijo, acuérdate que en vida tú recibiste tu parte de bienes, y Lázaro su parte de males. Ahora él recibe consuelo aquí, y tú sufres. 26Aparte de esto, hay un gran abismo entre nosotros y ustedes; de modo que los que quieren pasar de aquí allá, no pueden, ni de allá tampoco pueden pasar aquí.’
27“El rico dijo: ‘Te suplico entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a la casa de mi padre, 28donde tengo cinco hermanos, para que les llame la atención, y así no vengan ellos también a este lugar de tormento.’ 29Abraham dijo: ‘Ellos ya tienen lo escrito por Moisés y los profetas: ¡que les hagan caso!’ 30El rico contestó: ‘Padre Abraham, eso no basta; pero si un muerto resucita y se les aparece, ellos se convertirán.’ 31Pero Abraham le dijo: ‘Si no quieren hacer caso a Moisés y a los profetas, tampoco creerán aunque algún muerto resucite.’ ”
Que les parece, si aprendemos de esta historia, y hoy nos decidimos a buscar a Dios. Él nos está esperando. Que Dios los bendiga.